lunes, 25 de septiembre de 2006

El aire que respiras

Somos microclimas. Cada uno con su propia atmósfera, su aire personal, con una distinta dilatación frente al calor de la emoción y la pasión y una inevitable contracción ante los fríos de la distancia y la estupidez.
El termómetro que mide los grados de nuestros bienestares y desasosiegos es único e intransferible. La temperatura más íntima y precisa cada uno la lleva oculta tras tanto vericueto de vida y tanto repliegue de ansias y temores que, muchas veces, es imposible llegar a determinar con absoluta precisión.
Posiblemente, la felicidad es vivir sintiéndose rodeado por el clima que mejor se adapta a nuestra parte emocional; cuando pones el termómetro a tus sentimientos y estos te responden que hay bonanza; cuando percibes el suave murmullo de un continuo renacimiento en tu entorno y sientes que los fríos quedaron atrás y los sofocos en otras latitudes.
Por eso es tan importante ser consciente del clima ambiental que envuelve cada temporada de nuestra vida. Porque si hay coincidencia con el nuestro llega la distensión y el bienestar; dos estímulos básicos para ser y crecer; pero cuando hay desajuste prolongado llega el desasosiego, el suelo movedizo de los pasos sin meta de llegada.
Vivir es recorrer caminos. Y en ese permanente ir, no hay mejor dirección que aquella que nos conduzca al clima ambiental y emocional que coincida al máximo con el nuestro. Por eso a veces hay que cambiar de aires.
Ángela Becerra (The end)
[Leído (y posteriormente recortardo) del periódico ADN, un día cualquiera de hace algunas semanas y que hoy he vuelto a recordar al verlo de nuevo entre papeles.]

viernes, 22 de septiembre de 2006

Paris

Después de hacer el amor supe que se había acabado. ¿Había amado realmente a Bill alguna vez o era adicta al dolor? Al exquisito dolor de amar a alguien tan inalcanzable.
- Eh, ¿qué haces ahí?
- Vete a París, yo no voy a ir. No finjamos ser algo que no somos. Da igual.
- Ven a la cama.Quería ir con él pero me sentía como si estuviera atada a la silla.
Una parte de mí me estaba sujetando, sabiendo que había llegado demasiado lejos, que había llegado a mi límite.
Y se acabó. Me había desatado de Bill, era libre, pero no había nada de exquisito en ello.
Sex in the City

soles (gira)

Escuchando Seven Nation Army de The White Stripes, después de haber escuchado el Op. 72, No 1 de Chopin, después de haberme visto unos cinco capítulos de Sexo en Nueva York.Después de haber escuchado un par de canciones de Chick Corea y de The Cat Empire... me siento como nueva.
Después de haber retomado los cafés mi amigo de siempre, después de intentar encontrar un momento para irnos juntos a comprarnos ropa, después de haberme quemado y no haber llamado al otro, después de estar un mes escribiendo con el portátil de mi hermano que se ha convertido en el mío. Después de
todo eso, me siento como Carrie Brawson. Llevo las riendas de mi vida, tengo tiempo para mí y para los demás.
Es una sensación extraña, supongo que porque hacía mucho tiempo que no la sentía o porque, como se suele decir, no te das cuenta de algo hasta que lo has perdido (y después lo vuelves a encontrar). Ahora sólo espero que la semana que viene, cuando empiece la facultad y la siguiente cuando ya no tenga que compaginar mis estudios con el trabajo, siga pensando lo mismo.
Pensaba que ver tanto Sexo en Nueva York me iba a hacer mal, a volverme loca, pero no. Estaba equivocada. Estoy de puta madre. Creo que como le dije a Mana esta tarde, nunca he estado más segura de nada como lo estoy ahora.
Mundo, allá voy...

jueves, 21 de septiembre de 2006

La douleur exquise!

En las relaciones amorosas hay una línea muy fina entre el placer y el dolor. De hecho, mucha gente cree que una relación sin dolor es una relación que no vale la pena. Para algunos el dolor implica evolución, pero ¿dónde saber dónde acaba el dolor evolutivo y empieza el dolor lacerante? Si seguimos caminando por esta línea, ¿somos masoquistas y optimistas? Y ¿cómo saber en una relación cuando ya es suficiente?
Carrie en Sex in the City

miércoles, 20 de septiembre de 2006

máster de radio

Mmmm... interesante. Acabo de leer una cosa que podría ser el puente después de acabara la licenciatura: un máster. El XVIII Máster de Radio, patrocinado por Radio Nacional de España y la Universidad Complutense de Madrid. La verdad es que la radio siempre me ha llamado, desde pequeña. ¿Por qué no hacer un máster sobre el tema? No sabía que hubiera uno de este calibre. Normalmente en los másters te piden que tengas cuatro años de experiencia laboral, etc... pero este no. Sólo requiere tener terminada la licenciatura y pasar unas pruebas. Podría intentarlo, no? Sería divertido y me quitaría una dolor de cabeza de pensar qué coño hago después de terminar de estudiar. Joo, ahora ya no voy a poder dormir de lo emocionada que me he puesto con el tema. Al menos callaré a mis padres en este campo... ya no me repetirán lo de "busca un trabajo de lo tuyo", "¿ya has tirado la solicitud para las prácticas de empresa?", "no estarás toda la vida de camarera, ¿verdad?"... ufff.
Y todo esto gracias a escuchar Radio 3 por Internet... xD

should be

Realmente no entiendo por qué este m,undo tiene que ser racional, por qué todo tiende hacia lo racional, hacia lo que está bien hecho o lo que es 'bueno' para las mismas personas. No entiendo muchas cosas de este mundo. Debe de fallarme algo, quién sabe. Todo el mundo intenta no hacer caso a sus deseos más profundos si estos no van a acordes con la razón. ¿Quién fue el estúpido que pensó eso? ¿Quién dijo que de "el corazón tiene razones que la razón no entiende"? Porque acertó de pleno. Y me da rabia que todo el mundo quiera seguir a la razón. Pues yo me planto, me da igual. La vida es una, sólo una. No tenemos siete vidas como los gatos. Así que me da igual si está bien lo que hago o no, sólo sé que lo hago porque así lo siento.
[Escrito hace un par de días, mientras trabajaba en la cafetería, asqueada del cómo es el mundo]

sábado, 16 de septiembre de 2006

alone, lone, one

Voy a volverme loca si sigo viendo más episodios de Sexo en Nueva York. Loca de remate. Hoy es el primer sábado después de muuucho tiempo que me quedo en casa sin salir y sin estar mala o por motivos de estudios. ¿Resultado? Que me ha entrado dolor de cabeza, así que he dejado de ver Sexo en Nueva York y me pondré a leer tirada en la cama hasta que mis ojos se cierren sin ser yo misma consciente.
Y yo me pregunto, ¿por qué me da ahora por actualizar tanto el blog? Pues simplemente porque como no tengo otra cosa mejor que hacer, al menos me desahogo y barro un poco más el tiempo. Mañana tengo el día libre en el trabajo y no sé que hacer... me gustaría irme a la playa como esta mañana pero quiero y no quiero (sí, todo a la vez) ir sola. Me quedan dos semanas de trabajo, de las cuales la última empiezo la facultad... y me quieren cambiar el horario de la cafetería... diosss. Bueno, que lo mejor que pueda hacer yo esta noche será irme a la cama con mi libro bajo el brazo, que al menos ese siempre estará conmigo.